Moravia: un grito de resistencia Afro en Medellín

Por: Cindy Yarima Pérez Villadiego / Johan Alexander Arango Cuadrado

 

Hasta que el color de la piel de los humanos no tenga mayor importancia que el color de sus ojos, habrá guerra en el mundo -Bob Marley-

 

Al nororiente de Medellín, sobre y alrededor de una montaña, se erige un pintoresco barrio que cuenta un repertorio de historias de resistencia, enmarcado en la apropiación y la reivindicación de lo perdido; un barrio llamado Moravia.


A Moravia lo caracteriza su historia, una escrita por las incansables luchas del pueblo Afro en Medellín y que comparten con indígenas y mestizos para crear esa suerte de sincretismo cultural que enriquece cada calle de este pintoresco barrio. La mayoría de sus habitantes provienen principalmente de municipios del norte de Antioquia, del Urabá antioqueño y, de los departamentos del Chocó y Córdoba; migraron a Medellín como desplazados de La Violencia con la ilusión de una mejor calidad de vida en estas montañas del Valle de Aburrá.
Según los datos más recientes de la Alcandía de Medellín, en la ciudad para el 2010, hay aproximadamente 236.222 personas que se autorreconocen como afrodescendientes, de las cuales 34.109 viven en la comuna 4 de Aranjuez, donde se ubica el barrio Moravia.


Una característica por resaltar de esta población es su unidad y su capacidad para crear espacios de encuentro, para actividades culturales, de diversión y ocio, y para las manifestaciones políticas ante situaciones sociales de competencia colectiva. A partir de esta capacidad podemos nombrar las afroterritorialidades de Moravia permiten entender cómo se manifiestan la cultura, el folclor y el espíritu de lucha de la población negra en este dinámico barrio en el que perfectamente, el visitante puede sentirse transportado a los diferentes lugares de los que provienen quienes se apropiaron de estos territorios.


Una cultura que resiste en nombre de la vida
Moravia es un pedazo de montaña llena de calles vestidas con murales que gritan que África vive y camina por cada rincón, que pasea entre colores y frases contestarias a un sistema que aún esclaviza el ser negro, que recuerda que resistir ha sido el mejor camino para seguir con vida, y que la vida misma necesita espacios para no morir a punta de racismo y exclusión.


El Centro de Desarrollo Cultural de Moravia, la Sede Social Moravia Oriente 2, la placa deportiva del barrio, y hasta en un particular salón de fachada lila y puerta y ventanas verdes, en cuyo interior se encuentran elementos propios de una iglesia católica, son algunos elementos que hablan de la presencia de África en Moravia, y que se conjugan con las fachadas de las casas, ropa tendida en las terrazas, equipos de sonido diciendo que “Estamos melos”, que “Este es Luis Eduardo Acústico” al tiempo que suena uno que otro vallenato o champeta en los parlantes vecinos, gallinas, patos, perros, cerdos recorriendo las casas, barberías, salones de belleza, que transportan a los turistas a las calles de municipios del Pacífico colombiano.


Cada uno de estos lugares se dejan contagiar de las Fiestas de San Pachito, una emulación de las Fiestas de San Francisco de Asís (San Pacho) que son originarias de la ciudad de Quibdó Para estas fiestas, algunos miembros de la comunidad afro de Moravia se reúnen para fabricar camisetas, y preparar comparsas de chirimía y música autóctona del departamento chocoano y del Pacifico.


Para Yesenia Palacios, una líder del barrio, eventos importantes de la ciudad relacionados con la cultura afrodescendiente tienen lugar en el Parque de los Deseos, entre ellos el Festival Afrourbano y Festiafro, eventos realizados por la Secretaría de Cultura del Municipio de Medellín, que convocan, no solo a los habitantes del barrio Moravia y sus alrededores, sino a toda la ciudad y a sus visitantes, sin importar su identidad étnica.
Asimismo, en el Centro de Desarrollo Cultural de Moravia se realizan muestras artísticas de danza, música, artes plásticas, exposiciones sobre conocimientos y costumbres ancestrales, dinámicas de los habitantes y sus historias; un espacio apropiado por la ciudadanía en el que la cultura está presente las veinticuatro horas.


Moravia recibe a propios y visitantes con arte para resistir. Un recorrido donde cada mural o graffiti habla de la lucha y la resistencia de un pueblo que no quiere morir y que se levanta desde esa montaña que otrora fue el basurero de la ciudad para decir que “Moravia resiste” y que lo hará hasta el último suspiro de sus habitantes. Desde el arte se han ganado su derecho de pertenencia y apropiación de un territorio que atesora un presente cargado de nuevas ilusiones y un paisaje adornado por un gigante jardín como estrategia para recuperar la calidad del aire que la basura ha robado.


Afroterritorialidades de la rumba
Entrada la noche, la territorialidad afrodescendiente se convierte en escenario para el festejo y la bacanal, cuando esa porción de nuestros antepasados africanos que adoraban a Shangó, Yemayá y otras deidades orishas, empieza a aflorar, cuando a ritmo de la música favorita del Pacifico colombiano, del Caribe nuestro y de otros, se reúne la población en un lugar llamado “El Bodegón”, que se convierte en una bodega de la alegría y del sabor con fiestas de alto voltaje, en el que solo se sabe la hora de inicio, “una vaina pesada manito”. Gente del Urabá, del Chocó y de la costa arman su desorden hasta que el cuerpo les dice: “no más”. Según Yesenia Palacios, por lo general, las rumbas incluyen el fin de semana y los lunes: “Por ejemplo, cuando la rumba es el sábado, las peluquerías y los salones de belleza abren tarde al otro día, porque la rumba fue toda la noche”.


Para la celebración de fechas especiales, como el día de la madre, el día de la mujer, u otras, mandan a traer desde el Urabá unos parlantes colosales conocidos como “Pick ups” que son bautizados según el DJ (disc-jockey) que los posea. Algunos de los más famosos son el Firu DJ y el Super Yankee, que ubican en la cancha del barrio, los ponen a “traquear a todo taco”, y los “negros montan su desorden hasta el otro día a ritmo de champeta, salsa (en sus distintas versiones, choque, urbana, etc.), vallenatos, reggaetón y otros”.


Al finalizar el recorrido, la afroterritorialidad manifiesta en las dinámicas de la población afrodescendiente del barrio Moravia y de su apropiación del territorio se convierten en espacio entrañable que se niegan a abandonar porque es su segunda oportunidad de echar raíces. Una apropiación que transformó el barrio y logró convertir a Moravia en un espacio lleno de afroterritorialidades, que mudó una montaña de desechos en un jardín pintoresco que engalana la vista a los pasajeros de la Estación Caribe en el Metro de Medellín.

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