Los sonidos de la comunidad más poblada de Colombia

Por: Juan Sebastián Zúñiga Jiménez y Camilo Andrés Hurtado.

 

Tarde como cosa rara, me levanté y ya había pasado la hora de encuentro. Salí corriendo y mi cuerpo se movía, sin mucha vitalidad.

En el camino el sonido llegaba a mis oídos, no era un sonido muy melódico, una mezcla entre mi agitada respiración, con la calma y el poco movimiento vehicular de un domingo. Iba pasando por el Parque de los Deseos donde varias personas habían decidido usar su tiempo para bailar, sonaba música que proponía movimientos muy veloces, y entró fácilmente a mi cuerpo, algo maravilloso ocurrió en este momento, el poder de esta melodía hizo que la vitalidad entrara y de una manera fantástica atravesé bailando todo el parque en cuestión de segundos.

Cercano a mi destino observé unos jóvenes rodeados por una multitud, estos bailaban al compás del hip hop mientras los demás los observaban, no sabía si simplemente ellos bailaban para la gente o si estaban amanecidos después de una noche viviendo y sintiendo el “movimiento inteligente”.

Al llegar al barrio Moravia ya había escuchado muchos sonidos, la mayoría fueron de música popular pues todavía había personas tomando en las cantinas ubicadas en la avenida Carabobo. Ya el recorrido había empezado y tuve que buscar al grupo, llamé por teléfono a mi compañero este me indicó que se encontraban en el sector del Oasis, este camino me hizo escuchar el alboroto y también las melodías más comunes de la zona. Un barrio con una comunidad diversa, llamada “palenque urbano” por la gran presencia de la comunidad afro.

Al encontrarlos en unas escaleras donde las casas eran casi todas de madera y el camino muy estrecho ¡sonó la música! A lo lejos un bafle tocaba música urbana, seguro de una emisora popular de la ciudad de Medellín, y mientras pasábamos, una niña golpeaba un clavo con un martillo para arreglar una tabla de su casa, generando armonía con el tiempo que proponía la música del bafle, a éstos se les sumó una gallina mientras cacareaba desde su jaula. Por ese mismo callejón, había una casa con la puerta abierta y un parlante que casi no cabía en la casa, era enorme, en este sonaba una champeta y el señor expresaba su felicidad al escucharla, tanto así que fuertemente la cantaba escandalizando la cuadra.

Más adelante había una casa más, precisamente en una esquina, en esta el equipo de sonido no era tan grande pero aun así retumbaba con “La Rebelión” del Joe Arroyo una salsa brava que habla un poco de la historia “de la historia negra, de la historia nuestra caballero”.
Después caminamos por un parque donde todo fue más tranquilo, no escuchaba muchos sonidos, pero si logré identificar algunos graffitis probablemente de crews de hip hop o de artistas misteriosos. Más abajo estuvimos en el salón comunal donde se reúnen orquestas a ensayar nos comentó la guía, pero no hizo referencia a qué tipos de música interpretaban.

Subimos al morro de Moravia, en la cima había mucha calma, uno de nuestros compañeros había llevado una “quena” famoso instrumento indígena y tranquilo tocaba algunas tonadas de la bella música andina. Había un extraño monumento a un instrumento peculiar, el “tubofóno”, fabricado en su totalidad con uniones de tubos en PVC, lo que determina su afinación es la longitud del tubo y genera un sonido bastante interesante. Puse atención a la parte baja del cerro y escuchaba un vallenato cantado con todo el sentimiento, seguramente la “tusa” era reciente.

Al bajar llegamos a una cuadra muy movida, aquí había barberías donde se escuchaban varios tipos de música como hip hop, exótico, champeta, reggae, entre otras melodías. El recorrido finalizó en el centro de desarrollo cultural de Moravia, donde se concentra la mayor actividad cultural y de aprendizaje del barrio. La oferta de programas musicales es muy amplia, aquí brindan el programa de formación en percusión folclórica y música tradicional, del caribe y del Pacífico colombiano, donde se encuentran instrumentos como: Alegre, llamador y tambora en formato caribe, y cununo, bombo, guasá y la maravillosa marimba de chonta en formato Pacífico. La oferta de danzas tradicionales también es amplia, el trabajo es conjunto en este centro cultural, donde se forman muchos niños, jóvenes y adultos, que exploran la música y disfrutan de la maravillosa herencia de la diáspora africana y de muchos otros ritmos.

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