La ancestralidad medicinal, una conexión con las raíces

Por: Luis Alben Vélez Gómez y Gabriela Gómez Ossa

 

En el barrio Moravia de la ciudad de Medellín se han gestado resistencias que han posibilitado otra mirada y formas de comprender el sincretismo entre la medina ancestral y occidental.

El comienzo de todo

Moravia, en Medellín, es un barrio cuyos inicios, en los años 50, se da como una invasión en lo que llegó a ser el basurero municipal, tras largas luchas y periodos de resistencia se constituye el sector como barrio, un espacio con gran población afrocolombiana, proveniente en mayor medida de Urabá, Córdoba y Chocó, como se puede apreciar en el sector “Chocó Chiquito”, quienes no dejan de lado sus raíces y tradiciones afro.

La mañana de aquel domingo en los inicios de agosto, comenzó como ya es habitual en medio del afán por lograr llegar a tiempo a un compromiso establecido, está vez envuelto por la emoción de recorrer un barrio con tanta historia en la ciudad y aprender un poquito más del mismo, es así como contra el reloj salgo de mi hogar rumbo a la estación Universidad del metro para emprender camino junto a algunas compañeras y compañeros directo a la casa cultural del barrio Moravia.

En medio de mi carrera logré divisar a lo lejos el grupo, faltaba sólo una persona… Tras llegar y saludarlos, emprendimos el camino en medio de las charlas escucho una palabra que en días anteriores había sido repetida por un compañero, de inmediato volteo y pregunto “Fredi ¡qué es eso?”, su respuesta antes que aclarar algo despertó más dudas en mí, “Pipilongo”, me dijo, mi cara de sorpresa ante estas palabras fue pie para que él, un joven afro del chocó enamorado por sus raíces y tradiciones, iniciara un acercamiento a lo que representa esta bebida para su comunidad, eso sí, para poder hablar de algo había que probar primero, por lo que las copas de esta deliciosa y tradicional bebida no se hicieron esperar.

Fredinson, de cariño “Fredi”, quien tiene 18 años, es un personaje carismático y alegre con quién había podido compartir previamente, luego de servir unas copas para el grupo me mira una vez más, sus ojos se veían llenos de brillo y un reflejo de emoción por compartir un poco de sus raíces conmigo, quizá porque esta es una manera más de que puedan perdurar en el tiempo esos saberes y es reflejo del amor que tiene por sus ancestros y todo lo que representa su marca identitaria. Me dice “Mira compadre, esta gloriosa bebida la hacen mis ancestros, anteriormente ellos se tomaban su pipilongo en las mañanas antes de ir a la mina, así se calentaban el cuerpo para no enfermarse y soportar todo el trabajo porque todo el tiempo estaban en el agua”.

Quedé sorprendido al escuchar esta historia, mientras sentía como el calor en mi sangre y cuerpo iba subiendo luego de unas copas, la curiosidad de quién conoce algo nuevo me llevó a preguntar cómo se hacía esta bebida, la respuesta que recibí me dejó con más intriga y fascinación “El secreto completo no lo tengo, mi abuelo no me lo ha dado, pero el pipilongo es una planta, se le echa al viche y se mezcla con otras plantas más”, con esas palabras inicia mi acercamiento por las medicinas y practicas medicinales de las comunidades afro, la alegría era incontenible al pensar que aun sin llegar al lugar dónde comenzaría nuestro recorrido ya había aprendido un poco de estas tradiciones y había probado una de sus bebidas tradicionales, que aunque con grados de alcohol por ser un destilado, contenía propiedades medicinales por ejemplo para evitar la hipotermia.

Testimonios de resistencia
Al llegar al Centro Cultural de Moravia, vemos el resto de compañeras y compañeros, pocos minutos después se ve llegar a una mujer negra, de estatura imponente y engalanada por unas trenzas que adornaban su cabeza, llega donde nosotros a presentarse, su nombre es Yecenia Palacio. Ella es una lideresa de la comunidad y activista por los derechos de las comunidades negras en el barrio.

Para nuestro privilegio, era la guía del recorrido por Moravia. Tras dar unos breves pasos fue inevitable sucumbir ante el impulso de acercarme a ella para preguntarle si sabía algo de las prácticas medicinales tradicionales dentro del barrio, su respuesta casi que inmediata fue un rotundo “si”, lo que me llevó a indagar un poco más de estas prácticas y para qué cosas en particular las usan más, dentro de su respuesta se torna muy importante el momento en qué expresa “Acá la gente no va al hospital ni nada, acá si alguien tiene algo va donde el que sabe, para que lo sobe, le ayude con el mal de ojo, o le ayude con lo que necesite”, esto sólo me hacía pensar en la profunda conexión que tienen las personas de la comunidad en sus prácticas ancestrales que incluso dan prioridad a estas sobre la medicina occidental, como dice el viejo adagio “cuando el río suena, es porque piedras lleva” y si las personas se apoyaban tanto en sus formas ancestrales es porque funcionan, esto me llevaba sólo a querer conocer más testimonios y palabras sobre esto.

Pasando las primeras calles rumbo al sector “el oasis” se evidenciaba la fuerza de la unión comunitaria y la resistencia de la población enmarcada dentro de varios muros, los cuáles gritaban resistencia, gritaban siembra, paz, buen vivir… Gritaban tanto que entre paso y paso fue una epifanía sentir que en todo aquello expresado por las paredes también se gritaba medicina ancestral, porque lo que veía y escuchaba de las personas era la resistencia contra un sistema que da pasos abismales y tacha de retrogradas e ineficientes las prácticas medicinales ancestrales de las comunidades afro (también de las indígenas) imponiendo un modo de ver, entender y tratar las enfermedades, una resistencia que se aferra a toda una cosmovisión milenaria que durante los años las comunidades negras han llevado de la mano de plantas, bebidas, rituales y practicas medicinales propias.

Al son del camino Yecenia decide contarnos un poco sobre este barrio que desde las cenizas y los tugurios se ha levantado orgulloso y unido, nos manifiesta que a finales de los 50 inician los primeros asentamientos en la zona con personas provenientes de distintos lugares del país, en especial de Córdoba, Urabá y Chocó, al pasar los años aproximadamente para 1974 la administración local decide instalar el basurero local en la zona y se empieza a conocer a los habitantes del sector como “tugurianos”,cuya resiliencia ha sido tal que en medio del caos encontraron una forma de subsistir mediante el reciclaje, quienes recibieron gran apoyo de los procesos eclesiásticos del momento.

Con el paso de los años y luego de una resolución del Ministerio de Medio Ambiente que obliga a las entidades ambientales a iniciar el cierre de los rellenos sanitarios a cielo abierto en el año 2004 la Subdirectora Ambiental del Área Metropolitana asume la función en el morro “El oasis”, iniciando de esta manera un periodo de avances y retrocesos para la comunidad debido a las acciones administrativas de la alcaldía y las repercusiones que han tenido en la población.

Luego de salir del sector “El oasis”, tuvimos el privilegio de pasar por la ruta de la esperanza y el jardín de Moravia, para llegar al sector “El bosque”, donde en medio de la cuadra resonaban los sonidos característicos del folclore afro provenientes de una barbería, al acercarnos en esta se encontraba un joven negro feliz con su música y esperando las personas del barrio que se acercarían a recibir un corte de cabello, cuando Yecenia nos manifiesta que él es un líder de la comunidad y se destaca en el rescate de las raíces afro se desata una avalancha de las personas del grupo para realizarle preguntas y conocer un poco más de él, de su trabajo y del patrimonio cultural.

Con la paciencia que me caracteriza esperé tranquilo un momento mi momento dónde pudiese entablar un dialogo con él. Al dispersarse el grupo tuve la oportunidad de acercarme a quién daría las puntadas finales en mi tejido de sentires frente a las medicinas y su conexión con la raíz identitaria de las comunidades afro. Algo que ya venía sonando en mí era la importancia de las plantas, por lo cual antes de iniciar las preguntas frente a las practicas medicinales, pregunté por la importancia de las plantas a lo que me responde “Parce pues es que las plantas son parte de la vida misma, nos dan alimento, aire, en las plantas está también la historia de nuestra comunidad, por eso para nosotros la siembra es vital, es más vaya mire el mural que hay abajo frente al parquecito de los niños”.

Conexión ancestral
Vi que este personaje de apariencia fuerte y carácter firme contrastante con su apodo en el barrio “Shakira”, desde su reconocimiento como afro llevaba de la mano una conexión con sus ancestros y todo el legado que de ellos había recibido, ya entrados en calor frente al dialogo de las plantas, él me da unos ejemplos de aquellas que son empleadas para situaciones comunes y cotidianas que como humanos podemos pasar, me dijo que para la fiebre era bendito el mata ratón ya fuese en pañitos o en baños, eso también ayudaba mucho a los niños a regular su temperatura, también me habló del uso de mentol con ceniza para fortalecer y apoyar el trabajo de los sobanderos ante los problemas de huesos, esguinces, fracturas, etc.

Además, me manifiesta palabras que en las distintas personas con quiénes tuve la oportunidad de hablar respecto a la medicina habían expresado, “Acá la gente si se enferma no va al médico, para eso buscamos a los que tienen el secreto, los viejos que conocen las matas, si acá alguien se quiebra un pie va donde el sobandero para que se lo arregle y así, si viene un bebé llamamos a las parteras y así, aparte de que son nuestras creencias, es también nuestra resistencia”.

Esas palabras movieron mi alma, por todo ese amor a lo propio que transmitían, esa identidad marcada, ante todo esto tuve una nueva duda, entonces decidí indagar dónde conseguían las plantas que usaban para las distintas enfermedades, la respuesta que me llevé fue “Pues las conseguimos acá en las tiendas naturales y así, si son plantas que no se consiguen pues las sembramos en las casas o el patio para poder usarlas”, esa respuesta para mí fue la cúspide en la resistencia y lo apropiado de las prácticas medicinales en esta comunidad.

Viendo que “Shakira” sabía bastante del tema decidí preguntarle por esa palabra que me llamó la atención desde el principio y que al probar me deleitó su sabor herbal, entonces le dije “¡Vos qué sabes del pipilongo?”, las risas de su parte no se hicieron esperar y entre carcajada y carcajada manifestaba “Este man quiere es otra cosa”, en medio de la inocencia de quién no conoce quise saber más, entonces me dice “Eso sirve para la frialdad”, con lo cual me manifestaba su utilización para las situaciones de impotencia sexual lo que explicó rotundamente sus carcajadas.

La semilla
Al retornar al punto de inicio para despedir el recorrido se sentía en el aire el llamado a sembrar, el impulso y deseo por conocer a los mayores, sabedores y sobanderos, y por qué no, ser un paciente que viva en primera mano la esencia mística de la medicina afro, al despedir el grupo sólo me llevo la conclusión y el sentir de la fuerte trascendencia que tiene para las comunidades afro su conexión con la tierra, las plantas y formas de ver, comprender y practicar la medicina.

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