La gastronomía en Suba: muestra de la interculturalidad

 

Un cálido domingo, estudiantes del diplomado “Contar lo Nuestro” recorrieron los sitios centrales de la localidad de Suba para reconocer las expresiones que dejan rastro de lo negro. Dentro de ellos, los sabores, frutas, vegetales y comidas típicas no pudieron quedar atrás, pues su sabor sedujo a paladares exigentes y comunes.

Por: Jesús Andrés Mena
Kewin Obando
Valentina Arango
Jacqueline Rivas

A las 10:00 a.m., en el parque central de la localidad de Suba, al norte de Bogotá, los rayos tenues del sol atraviesan las verdes hojas desde la copa de los árboles hasta sus raíces. A su alrededor se pueden encontrar la Casa de la Cultura, la Alcaldía de la localidad, la Casa de la Participación, el Punto de Integración Social y mucho más. Allí, en medio del repique del bombo, el sonido de las trompetas, las campanas de la iglesia y uno que otro avión pasando a lo lejos, es posible ver a los niños de la banda marcial, que en su caminar y pasos marcados dan ritmo a la mañana, entretienen a los transeúntes y hacen olvidar la fría brisa que acaricia el inicio del domingo.

Con miradas curiosas, amables y hasta recelosas, los habitantes de Suba, vistiendo desde leggings, camisetas, bluejeans sueltos, tenis, tacones de plataforma, sombreros o gorras, trajes formales, gafas de sol, chaquetas, bermudas, ruanas y hasta pantalones de pijama, se dirigen desde temprano a actividades como la clase de zumba que se dicta cada 8 días en el Centro Comercial Subazar, en el que niños, jóvenes, adultos y adultos mayores se dejan contagiar de alegría a través de los diversos ritmos latinos de todas las épocas.

Caminar por las calles de Suba es descubrir que en muchas de sus esquinas se puede conseguir una buena ensalada de frutas frescas, las cuales tientan desde la lejanía con colores rojos, verdes, amarillos y rosas, que al ser degustados, los sentidos se encuentran con sabores dulces y frescos que pueden calmar la sed o las ganas de recargar energía a esa hora de la mañana.

Sus calles cortas y en varias ocasiones cerradas, con paredes pintadas por completo en grafiti se unen con locales de ropa, zapatos, tiendas de todo a $5.000 y supermercados. Incluso es posible encontrarse ventas ambulantes de ungüentos medicinales, en los que un adulto mayor indígena se encarga de mencionar los más de 10 componentes entre los que se encuentra la caléndula, la ruda, la marihuana, el pepino y muchos más, que ayudarán a calmar dolores, hinchazones y hasta la caída de una muela.

Es también, encontrarse continuamente puestos de comida en los que, personas como Lucía Moreno, una mujer afrodescendiente de 55 años, que frente al semáforo de la carrera 91 con calle 137 prepara un rico guiso para disfrutar con empanadas, papas y plátano, del que además de sus llamativos colores, se percibe el olor de una salsa con tomate, cebolla, ajo, cilantro y a lo mejor, uno que otro toque de ají. Mujeres como ella representan la gastronomía sencilla y efectiva para muchos de los visitantes y habitantes de la comunidad, pues el uso de diversas especias provenientes de la región pacífico no solo hacen gozar al paladar de los transeúntes, sino que les recuerdan a muchos su hogar.

Lucía es elocuente, con una sonrisa llena de carisma. Sencilla, con una camiseta Nike, un blue jean y unos tenis oscuros se dedica a servir a su interesado público, a quienes después de atender pregunta -¿En qué más puedo ayudarlo, amiguito?- con un inconfundible acento chocoano. Atendiendo a su amabilidad, al preguntarle por un buen lugar para comprar almuerzo comenta “Si le gusta uno bien cargado, cerca hay sancocho de pescado, gallina o lechona”, al parecer, algunos de los platos típicos más buscados los domingos en la localidad.

2:00 p.m. un almuerzo con toque ancestral

Quien desea almorzar en la localidad de Suba, puede llegar a abrumarse con tantos deliciosos lugares para elegir: pescado, carne a la plancha, pollo, sancochos, fritanga, comidas rápidas, frijoladas y mucho más. De los cuales es imposible decirle no a un rico filete de pescado, con ensalada, arroz de coco, patacón y jugo de borojó, un plato que contiene algunos de los alimentos tradicionales del Pacífico, los cuales, no solo son reconocidos por su sabor y olor, también, por su historia ancestral pues fueron los hombres y mujeres sometidos a prácticas esclavistas quienes brindaron gran parte de sus conocimientos, sobre todo en las costas colombianas para la preparación de alimentos.

Parece que al estar rodeados de tanto movimiento, buenos sabores y paisajes urbanos en una localidad en la que conviven personas provenientes del Pacífico, la Costa Caribe, Antioquia y Bogotá principalmente, se puede comprender que las calles están rodeadas de historia, positiva y dolorosa que puede ser narrada por jóvenes como Leonardo, quien cuentan que aún con el pasar de los años en la localidad se puede experimentar actos de racismo y exclusión social, pero que en Suba, una zona de la ciudad que cuenta con más de 9.000 habitantes, es posible reconocer y contribuir a la realización y desarrollo de los planes de vida de diferentes jóvenes y niños, en gran porcentaje afrodescendientes, que solo desean vivir y ver nuevas realidades a través del arte y la cultura.

Finalmente, sin ser anunciada con gran trascendentalidad, recorrimos la calle pedregosa y sucia en la que, localizada la plaza de mercado, se movilizaban cientos de personas comprando y vendiendo alimentos propios de la tradicional canasta familiar. Carnes de cerdo colgando, pescados grisáceos congelados por el hielo, hortalizas a punto de madurar, tubérculos aun con tierra, era lo que con mayor demanda se solicitaba.

La confusión perpetuada por la algarabía de los vendedores, nos permitió descifrar que los comestibles no eran la única adquisición disponible en la plaza. Baratijas de toda índole y ropa traída desde China eran también los atractivos de consumo que más atraían miradas. En medio del ruido de los carros, las conversaciones aisladas y uno que otro equipo de sonido asomado en la ventana, atravesamos una plaza de mercado de imagen rústica para pasar al parque “el rincón” que colindaba.

La plaza de mercado representa para la localidad de Suba uno de los espacios representativos y de mayor tradición para la comunidad, pues a través de esta se empezaron a gestar los encuentros comunitarios, el intercambio de alimentos y de saberes, los acuerdos de convivencia compartidos y muchos más, los cuales han trascendido hasta la actualidad a través de las generaciones que buscan seguir revindicando la tradición ancestral.

Caminar la localidad de Suba es confirmar que esta destaca por su alegría, gran movilidad, gastronomía, diversidad familiar, actos de resistencia, impulso cultural y sobre todo resiliencia en sus calles y su comunidad.

La cultura también viaja

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Pescado a la Bolívar

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Huertas que sustentan

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Los colores de la plaza

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El guardián

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