Suba: entre las trenzas y el alisado

 

Un recorrido por distintos barrios de Suba, buscando el rescate del cabello natural afro, una tarea, para reflexionar y debatir en medio de los estereotipos y estándares impuestos. 
 
“…Pelo malo,
Pelo no apto para estudiar y trabajar,
Pelo no crece.”
-Dicho popular
 
 
Siendo las 6:00 de la tarde en la Candelaria, centro histórico de Bogotá, se finaliza una jornada de estudio del diplomado “Contar lo nuestro” donde se trataron temas como: racismos, estereotipos, estigmas, entre otros; esperábamos ansiosos la mañana siguiente, pues, se pondría en práctica todo el conocimiento adquirido para entender las dinámicas sociales de la comunidad, en especial en la localidad de Suba.
 
Al día siguiente, domingo 14 de julio, bajo la acogida de los rayos del sol, emprendimos el viaje hacia la localidad, con el fin de encontrarnos con algunos conocedores de las distintas dinámicas, resistencias y vivencias de la comunidad afrocolombiana en este territorio. Leonardo y Jair, líderes afro de la comunidad, nos recibieron en la plaza central de Suba, lugar emblemático para el desarrollo de eventos culturales, económicos y políticos, pues allí se encuentra la Alcaldía Local, la Casa de la Participación, la Casa de la Cultura, y una esquina con una cafetería llamada Tostao, donde alguna vez se encontró la Casa Afro, escenario de reuniones, acogimiento y participación de la comunidad afrodescendiente, ya  que en Suba se extiende mucho más de los datos poblacionales que se pudieron recoger en el último censo del DANE realizado en el año 2018.
 
Entre las historias narradas de forma fresca, natural y sin adornos por el líder Leonardo, entendimos que la lucha de la comunidad va mucho más allá del rescate de la ancestralidad cultural, y que por mucho tiempo se ha buscado la igualdad, dignidad y reivindicación de los derechos, además de la tranquilidad para poder trabajar, estudiar o andar simplemente por el barrio donde conviven. En medio del movimiento de sus manos, de su tono de voz, en momentos desalentadores, entendimos también que, aunque en muchos escenarios hablamos de racismo de baja intensidad o cotidianos, aquí pudimos explorar, en alguna medida, los racismos directos que se presentan y que afectan también el rescate del cabello de la población afro en este sector. 
 
 
Blanqueamiento
 
    En medio de las cuadras que recorrimos, con un sol picante a nuestros hombros, uno que otro heladito pasando de mano en mano con nuestros compañeros, observábamos varias peluquerías y barberías afro llenas de color, música, gente relajada en las sillas, esperando clientela o cortando el cabello, evidenciamos el blanqueamiento y el racismo encaminado especialmente hacia las mujeres negras. Además, en los letreros de las entradas de las barberías ofertan “alisados con crema o costeño, alisados permanente, venta de pelo”, vitrinas llenas de productos alisadores, y posters con mujeres lisas, piel clara y sonrientes. Al ingresar a las peluquerías y preguntarles a las señoras si algunas chicas iban a intentar mantener su cabello, contestaban “aquí vienen a alisarlo”.
 
En medio de la caminata, de observar atentamente los letreros y nombres de las peluquerías, fuimos entendiendo que los tipos de belleza se encuentran fragmentados debido a los estereotipos que se siguen presentando en la industria, quien es el más grande exponente en la pérdida de lo natural, ya que día a día nos venden una idea diferente de lo que consiste la estética de la mujer negra. Por ello, durante el recorrido por el barrio Rincón, La plaza y el Centro de Suba no pudimos evidenciar ninguna mujer afro exhibiendo su cabello natural. Estos parámetros obligan a la mujer a acoplarse en estándares que se rigen en las principales ciudades, donde el cabello rizado no es apropiado, encubriendo dichas agresiones en comentarios cotidianos. 
 
Esta es la realidad que se enfrentan las mujeres afro, día a día muchas se someten a tratamientos dolorosos para poder alisar su cabellera, todo esto con el fin de buscar la aceptación a los cánones impuestos por la sociedad. 
 
 
Diversidad  
 
     Continuando con la travesía de la esteticidad en Suba, nos dispusimos a almorzar un delicioso sancocho de pescado bien espeso, con un color y olor muy grato, acompañado de patacón, arroz con coco, ensalada de zanahoria, lechuga y pepino; servido y cocinado por mujeres conocedoras de los sabores del Pacífico, y cobrado por un hombre que las acompaña en esa única tarea. Allí, descansamos y disfrutamos de la buena atención.
 
     Nos adentramos al barrio Rincón, un sector muy comercial, que vincula parte del transporte que alimenta los demás barrios. Música, carpas grandes, pequeñas estrechas; verduras, rojas, verdes y cafés; ofertas, carritos; frutas bananos, mandarinas, sandía partida jugosa y bien roja; ropa y zapatos, de primera y de segunda; pescado, Bocachico, Bagre, Mojarra; hierbas, como caléndula, manzanilla, ruda; También un par de cucas colgadas, cocadas, dulces de azúcar; que al igual que sus vendedores, componen la diversidad de la plaza del Rincón.
 
En medio de ese paso colorido, llegamos al parque donde se encuentra dispuesto un CAI de la policía, un pequeño parque para los niños y dos canchas de fútbol, en el momento en que llegamos se desarrollaba una especie de campeonato de microfútbol y había demasiada gente en el parque, que iba y venía, vendedores de helado, algodón de azúcar, y mucha música que ambientaba la tarde calurosa. En una esquina del parque se encuentra una barbería afro, atendida por jóvenes que vienen de otros lugares y buscan en el arte de cortar el pelo tener un espacio que puedan identificar como suyo, “y que los nuestros también encuentren un lugar que les permita sentir su corte, melo, como lo hacemos por allá” nos cuenta Leider. En esta barbería a veces asiste su hermana a realizar trenzas, si las solicitan por encargo, pero no es una actividad que desarrollen a diario.
 
 
Empoderamiento del cabello natural
 
     Más allá del significado que las trenzas han tenido históricamente para el pueblo, se ha tomado como lucha de la resistencia, y el reflejo del patrimonio cultural inmaterial de la población. Las mujeres se trenzan con el fin de ver su cabeza ordenada, limpia y agradable para estar en los lugares de trabajo y estudio. 
 
En la actualidad, muchas personas, organizaciones y colectivos buscan empoderar y rescatar el cabello afro de sus raíces, de esta manera se ha hecho visible por medio de las redes sociales y canales de YouTube en el que se explica y se informa a todas las mujeres sin importar la edad, cómo y porqué amar y cuidar el cabello afro, por diferentes mecanismos como la creación de productos de belleza (shampoo, acondicionador, crema para peinar etc.) 
 
Por lo tanto, se ha visibilizado que el cabello afro no es malo y es apto para cualquier presentación sea en el trabajo o estudio. Sin embargo, la transición del cabello afro es un proceso en el que debemos aceptar y reconocer las raíces ancestrales, aún en muchas partes de la ciudad, en especial en las periferias, las personas están ejerciendo hasta ahora los primeros pasos de su empoderamiento, o en muchos casos la búsqueda de su reconocimiento, respeto y dignidad.
 
La lucha por el cabello natural va mucho más allá, puesto que, es parte de la identidad y del reconocimiento de la historia de los pueblos afrodescendientes, en el mundo, en Colombia y en este caso en Bogotá. El cabello natural, Edna Liliana Valencia lo nombra como la corona que se lleva en la cabeza.
 
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