Los caminos que me llevan a mi pueblo, un oasis de sentimientos

Por: Geral Medina, Yolaine Mendoza y Erika Aguilar Carabalí

En Moravia se contempla la alegría, el optimismo y la resiliencia para sobrellevar el diario vivir, un Chocó chiquito que le permite a habitantes, su mayoría afrodescendientes, poder estar reunidos y sentirse como en su tierra natal aunque estén fuera de ella.

“Eso es un Chocó para mí… O sea, tiene todo, cumple con todos los elementos y es un lugar muy diverso porque tiene influencia del Urabá y del mismo Chocó, y esa es una de las cosas que más me llama la atención. allá está concentrada toda la población negra, allí encuentras Pacífico, Costa Atlántica, y eso es lo chévere, es como un crisol de gente afrocolombiana”. Fredinson Salas

En el barrio Moravia, el sol alumbraba y hacía ver tan radiante la comuna 4 de la ciudad de Medellín, que entre diversidad, colores, calles estrechas, olores y música, en cada esquina se mostraba una población diversa y espontánea. en una suerte de “contar lo nuestro” desde las vivencias y recuerdos, como en una ventana que se abre para sentir cerca, en ese Oasis, el lugar natal.

Yecenia Palacios, una mujer de piel negra, alta, de contextura delgada y peinada con unas trenzas largas, lleva viviendo en Moravia por más de veinte años, ha encontrado allí su hogar y se a permitido construirse al igual que las tantas personas que ahí viven, soñar y seguir luchando desde la igualdad y el amor por ese territorio que entre tanto y todo le a le han brindado un pedacito de amanecer. Fue así como acompañó y guió el recorrido para mostrar las realidades y cultura de la comuna, Yecenia es una de las tantas personas afro que hacen parte de este espacio lleno de historia, resistencia y tenacidad.

Al recorrer las calles estrechas, que conducen a historias pintadas entre grafitis, el piso pavimentado desaparece para darle paso a uno combinado de barro, huecos y piedras que deja ver en esa especie de oasis, uno de los sectores de mayor población afro pero también un espacio donde se dibuja el olvido estatal. estar en Moravia parecía como estar en un pequeño pueblo que para sus habitantes lo es todo. Su refugio, su pedacito de espacio, el lugar donde comparten unos con otros y ejercen su resistencia. Sus calles, de estrechos laberintos, y sus casas amontonadas una sobre otras, provocan un leve temor de que en cualquier momento todo se venga abajo y queden nuevamente en la nada. como ocurrió en el año 2017 cuando un incendio ocasionó que más de cien familias se quedaran sin casa.

Muchas fueron las risas escuchadas durante el recorrido y una de ellas fue la de Fredison Salas, un joven jocoso y aparentemente enamorador que, entre una botella de “pipilongo” y uno que otro comentario con sus recuerdos, reflejaba en sus ojos el disfrute de recorrer esos caminos que, sin querer, lo conducían a un pedacito de su pueblo, Riosucio, Chocó. Dice Fredinson: “El haber estado en Moravia, recorriendo esas calles, ese barrio, me transportó por un instante, por su gran parecido, a las calles de Quibdó. Me sentí muy seguro en el sector.Estar rodeado de mi gente, me hizo sentir seguridad, en pequeño espacio”.

Para entender esta zona norte de la ciudad de Medellín; es necesario conocer su historia. A Moravia llegaron personas provenientes del Urabá antioqueño; el Chocó y habitantes de la ciudad de escasos recursos que vieron la oportunidad en este sector de tener un techo de aluminio y unas tablas de madera donde pudieran vivir con sus familias, “una cuestión de sobrevivir”, como lo dice Yecenia Palacios desde su sonrisa y su tono de voz.

Así mismo, afirma Fredinson: “Poder estar con las personas, compartir sus experiencias, fue como sentirme por un momento en mi hermoso Chocó, porque Moravia cumple con todas sus prácticas y dinámicas. Hay un abandono estatal, una marginalización, también con los estereotipos y prejuicios sobre ese lugar; fue como transportarme allá y ver como, dentro de un contexto urbano, hay algo parecido a lo que se vive en el Chocó.

Moravia es, además, un sector económicamente autónomo; según Yecenia Palacios, muchos de los habitantes casi no ven la necesidad de recurrir al centro de la ciudad porque consideran que puedan suplir la mayoría de sus necesidades en el mismo barrio, puesto que entre su diversidad en el comercio se encuentran desde supermercados, almacenes de ropa y restaurantes. Entre los atractivos de esta comuna se encuentran la unión y la fiesta, en ella está la mirada ambiciosa de algunos que consideran que por ser un sector central, claramente los beneficiaría más y los hace sentir no merecerlo; como si entre tanta cosa no estuviera bien que ellos, los habitantes de Moravia, sintieran un poquito de “privilegio”.

Para comunicar solo falta una mirada, para transmitir lo que conlleva, solo hace falta una conexión, El oasis de Moravia se resume en el folcklor, lo popular, las tradiciones que establecen esa búsqueda entre lo que se deja y lo que se encuentra para no alejarse de aquello que se es, que enmarca su esencia y su ser. Esas condiciones de vida comprenden el ubicarse en un espacio con unas condiciones territoriales que abrazan la cultura y derrotan, desde lo simbólico el valor material.

Allí no hay jerarquías porque la lucha se da en conjunto para evitar seguir sintiéndose desterrados de todo lugar, porque ante tanta incertidumbre, ese pedacito ya hace parte de ellos desde la producción, recepción y re-significación para renacer desde sus raíces y mantenerse en pie de lucha.

*Este artículo es el resultado del diplomado Contar lo Nuestro. Narraciones Ciudadanas sobre el patrimonio cultural inmaterial de las comunidades negras, afrodescendientes, raizales, palenqueras e indígenas de Medellín, un proyecto apoyado por la Alcaldía de Medellín en la línea de Movilización y participación ciudadana y certificado por la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia.

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